Cómo evaluar la calidad del vínculo con tu hijo. Más allá del amor

 

Pocas preguntas acompañan tanto a madres y padres como la de cómo evaluar la calidad del vínculo con tu hijo. Más allá del amor…y la pregunta ..»¿Lo estaré haciendo bien?» … Surge después de una rabieta, cuando perdemos la paciencia, cuando nuestro hijo parece alejarse de nosotros o cuando sentimos que no estamos dedicándole todo el tiempo que nos gustaría.

La mayoría de los padres aman profundamente a sus hijos. Sin embargo, cuando hablamos de crianza y desarrollo emocional, el amor por sí solo no es suficiente para evaluar la calidad de la relación. De hecho, una de las ideas más importantes que aporta la teoría del apego es que el vínculo seguro va mucho más allá del cariño que sentimos.

Por eso, aprender cómo evaluar la calidad del vínculo con tu hijo más allá del amor puede ayudarte a comprender mejor qué necesita realmente un niño para desarrollarse emocionalmente de forma saludable.

¿Qué significa tener un apego seguro?

El apego seguro es la sensación interna que tiene un niño de que sus figuras de referencia están disponibles para protegerlo, comprenderlo y acompañarlo cuando lo necesita.

No significa que los padres nunca se equivoquen, que siempre sepan qué hacer o que estén disponibles en todo momento. Tampoco implica una relación perfecta o libre de conflictos.

Un apego seguro se construye cuando, de forma suficientemente consistente, el niño experimenta que sus emociones son tenidas en cuenta, que puede buscar apoyo cuando lo necesita y que la relación sigue siendo segura incluso después de los momentos difíciles.

Los investigadores en apego suelen hablar de la importancia de ser padres «suficientemente buenos», no perfectos. Lo que fortalece el vínculo no es hacerlo todo bien, sino la capacidad de conectar, reparar y responder de manera sensible a las necesidades emocionales del niño.

Entonces, ¿cómo saber si existe ese vínculo seguro?

Señales de que existe un apego seguro

Aunque cada niño tiene su propia personalidad, alrededor de los 3 o 4 años suelen observarse algunas señales que pueden ayudarnos a evaluar la calidad del vínculo.

Busca tu consuelo y se deja consolar

Cuando un niño tiene miedo, se hace daño, se frustra o se siente triste, suele acudir a sus figuras de apego.

Una señal especialmente importante es que no solo te busque, sino que también pueda recibir tu ayuda emocional. Es decir, que tu presencia contribuya a aliviar progresivamente su malestar.

No se trata de que deje de llorar inmediatamente, sino de que encuentre en ti una fuente de seguridad cuando las emociones se vuelven difíciles de gestionar.

Explora el mundo con confianza: puede separarse y volver

Cuando un niño se siente seguro emocionalmente, puede alejarse a una distancia prudencial, sabiendo que los cuidadores le vigilan y protegen,  para explorar porque sabe que cuenta con una base segura a la que regresar.

Por eso, una señal positiva es que pueda jugar, investigar, relacionarse con otros niños o participar en actividades nuevas sin necesidad de permanecer constantemente junto a sus cuidadores.

La independencia saludable nace de la seguridad, no de la distancia emocional.

Asume pequeños riesgos de forma independiente

Los niños necesitan experimentar para aprender.

Intentar subir una estructura nueva en el parque, probar algo que nunca habían hecho, resolver un pequeño problema por sí mismos o enfrentarse a desafíos acordes a su edad son conductas que reflejan confianza.

Cuando existe un vínculo seguro, el niño sabe que puede equivocarse sin perder el apoyo de quienes lo cuidan.

Expresa un abanico completo de emociones y pide lo que necesita

Los niños con apego seguro no están felices todo el tiempo.

Se enfadan, lloran, tienen miedo, se frustran y sienten celos como cualquier otro niño. La diferencia es que perciben que pueden expresar esas emociones dentro de una relación que las acoge y las acompaña.

Si tu hijo puede decir que está triste, pedir ayuda, reclamar atención cuando la necesita o mostrar su enfado sin temor constante al rechazo, probablemente está desarrollando una buena seguridad emocional.

Hay reparación tras el conflicto. Cómo evaluar la calidad del vínculo con tu hijo. Más allá del amor

Uno de los mayores mitos de la crianza es pensar que los buenos vínculos están libres de conflictos.

La realidad es que todas las relaciones humanas tienen momentos de tensión.

Habrá días en los que pongas límites que tu hijo no acepte. Habrá momentos en los que te sientas cansado o impaciente. También habrá errores.

Lo verdaderamente importante es la capacidad de reparación.

Cuando después de una discusión existe reconexión, explicación, escucha o acercamiento emocional, el niño aprende una lección fundamental: los conflictos pueden resolverse y las relaciones pueden mantenerse seguras incluso cuando surgen dificultades.

Existe confianza en los cuidadores

Que el niño empiece a mentir en alguna ocasión es parte de su desarrollo evolutivo. No necesariamente indica falta de monstrance en los cuidadores, a veces, simplemente están probando las consecuencias de sus actos.

Nos tenemos que preocupar si la mentira es un patrón constante que usan los niños de forma habitual por miedo a una consecuencia, reprimenda o castigo; o por vergüenza. Porque si es así, puede hablar de una falta de confianza, pues usan la mentira como forma de preservar la relación y su integridad

Cómo evaluar la calidad del vínculo con tu hijo. Más allá del amor

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