Somatizaciones y tipos de apego

En la práctica clínica y en la vida cotidiana es cada vez más frecuente escuchar a personas que refieren molestias físicas persistentes sin una causa médica clara. Dolor, cansancio, tensión o malestar corporal aparecen como protagonistas, cuando en realidad muchas veces son la manifestación de un conflicto emocional no expresado. A este fenómeno lo conocemos como somatización. Te hablo en éste artículos de las somatizaciones y tipos de apego.

Comprender qué son las somatizaciones, cómo se relacionan con nuestra forma de vincularnos y aprender a escuchar al cuerpo resulta fundamental para un cuidado integral de la salud.

¿Qué son las somatizaciones?

Las somatizaciones son la expresión física de un malestar emocional o psicológico. Se producen cuando las emociones, pensamientos o conflictos internos no pueden ser identificados, gestionados o expresados de forma consciente, y el cuerpo actúa como canal de comunicación.

Es importante señalar que las somatizaciones no son imaginarias ni voluntarias. El dolor o la molestia es real, aunque su origen no sea exclusivamente orgánico. El cuerpo responde a una sobrecarga emocional prolongada activando síntomas físicos como forma de alerta.

Somatizaciones más comunes. Somatizaciones y tipos de apego

Las somatizaciones pueden manifestarse de múltiples formas, variando de una persona a otra. Algunas de las más habituales son:

  • Dolores de cabeza o migrañas recurrentes

  • Contracturas musculares, especialmente en cuello y espalda

  • Problemas gastrointestinales (dolor abdominal, diarrea, estreñimiento, náuseas)

  • Cansancio crónico o sensación constante de agotamiento

  • Alteraciones del sueño

  • Palpitaciones, presión en el pecho o dificultad para respirar

  • Problemas dermatológicos (eczema, urticaria, picores)

En muchos casos, estas molestias persisten o reaparecen cuando el conflicto emocional que las origina no ha sido atendido.

Qué es el apego y cómo influye en la expresión del malestar emocional

El apego hace referencia al vínculo emocional que se establece en la infancia con las figuras de cuidado principales y que influye en la manera en la que, en la edad adulta, nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

Según la teoría del apego, la forma en que aprendemos a recibir afecto, seguridad y validación emocional condiciona nuestra capacidad para identificar emociones, pedir ayuda y expresar el malestar. Cuando estas habilidades no se desarrollan adecuadamente, las emociones tienden a reprimirse o desorganizarse, encontrando en el cuerpo una vía de expresión.

Por ello, determinados estilos de apego están estrechamente relacionados con una mayor tendencia a somatizar.

Tipos de apego y su relación con las somatizaciones

  • Apego seguro: Las personas con apego seguro suelen identificar y expresar sus emociones de forma adaptativa. Esto reduce la probabilidad de que el malestar emocional se cronifique en forma de síntomas físicos.

  • Apego ansioso: Se caracteriza por una alta activación emocional y una búsqueda constante de validación externa. Es frecuente que estas personas presenten somatizaciones relacionadas con ansiedad, tensión muscular o problemas gastrointestinales.

  • Apego evitativo: Predomina la desconexión emocional y la dificultad para reconocer el propio malestar. Al no expresarse emocionalmente, el cuerpo puede asumir esa función, dando lugar a somatizaciones persistentes.

  • Apego desorganizado: Combina patrones de ansiedad y evitación, generando una gran desregulación emocional. En estos casos, las somatizaciones suelen ser más intensas y variadas, afectando de forma significativa a la calidad de vida.

Escuchar al cuerpo es también cuidarse. Somatizaciones y tipos de apego

El cuerpo no enferma “porque sí”. Escuchar sus señales implica prestar atención a aquello que no está siendo atendido a nivel emocional. Reconocer el síntoma como un mensaje, y no únicamente como un problema a eliminar, es un primer paso hacia el bienestar.

Esto no excluye la necesidad de cuidados médicos o tratamientos físicos cuando son necesarios, sino que propone una mirada integral, donde cuerpo y mente se entienden como un todo.

Cuerpo y mente van unidos. Todo lo que le ocurre a la mente afecta al cuerpo, y todo lo que le ocurre al cuerpo repercute en la mente.

La somatización es una señal de alarma del cuerpo que indica que hay algo a nivel emocional que necesita ser atendido y reparado. Mientras ese conflicto no sea escuchado, la señal permanecerá activa e incluso puede intensificarse.

Podríamos compararlo con la luz del salpicadero de un coche que avisa de una avería: si no se revisa el problema, la luz seguirá encendida y la avería irá a más.

Esto sucede porque el lenguaje emocional es, en gran parte, corporal. Es su forma de manifestarse. Al mismo tiempo, el cuerpo también se ve afectado y necesita cuidados específicos en determinadas ocasiones. Atender ambos aspectos, de forma conjunta, es clave para un verdadero proceso de salud y bienestar.

Somatizaciones y tipos de apego

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